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Escucha, acoge, dialoga: aprender a mirar la realidad desde el otro

hace 13 horas
3 min de lectura


En nuestro día a día compartimos espacios, conversaciones, preocupaciones y experiencias con muchas personas. Sin embargo, convivir no significa necesariamente comprendernos. Cada persona vive la realidad desde un lugar diferente, condicionado por sus experiencias, emociones y circunstancias. Por eso, algo que para nosotros puede parecer evidente, sencillo o poco importante, para otra persona puede tener un significado completamente distinto.


Desde esta reflexión, en nuestro colegio queremos poner el foco en tres actitudes fundamentales para construir una convivencia más humana: escuchar, acoger y dialogar.


Escuchar: descubrir lo que todavía no vemos

Escuchar de verdad es mucho más que permanecer en silencio mientras otra persona habla. Significa estar dispuestos a descubrir aquello que no vemos desde nuestra propia perspectiva.

Con frecuencia, interpretamos las palabras de los demás desde nuestras propias ideas, experiencias y prejuicios. Creemos saber lo que el otro piensa o siente antes incluso de haberle dado la oportunidad de explicarse. Pero, si queremos comprender a quienes nos rodean, necesitamos aprender a detenernos, prestar atención y suspender, por un momento, nuestros juicios.

Escuchar nos invita a reconocer que nuestra manera de entender la realidad no es la única posible y que siempre podemos aprender algo de la experiencia ajena.


Acoger: reconocer la experiencia del otro

Después de escuchar, llega el momento de acoger. Esto implica dar espacio a la experiencia, las emociones y la perspectiva de la otra persona, incluso cuando no compartimos su interpretación de lo sucedido.

Acoger no significa estar siempre de acuerdo ni renunciar a nuestro propio criterio. Significa reconocer que, detrás de cada palabra, puede haber una historia, una preocupación o una dificultad que todavía desconocemos.

En la convivencia escolar, esta actitud resulta especialmente importante. Detrás de un comportamiento, una reacción o un conflicto puede haber circunstancias que no conocemos. Antes de juzgar, podemos preguntarnos qué está viviendo la otra persona y qué necesita que comprendamos.

Solo cuando dejamos de reducir al otro a una primera impresión podemos empezar a acompañarlo de verdad.


Dialogar: buscar juntos la verdad

El diálogo va más allá de intercambiar opiniones o defender nuestra postura. Dialogar significa estar dispuestos a buscar la verdad junto al otro, dejando a un lado el ego y la necesidad de tener siempre la razón.

Para ello, necesitamos humildad: aceptar que nuestra perspectiva puede ser incompleta, que podemos equivocarnos y que escuchar a otra persona puede ayudarnos a comprender mejor una situación.

El diálogo auténtico no consiste en que una persona venza y la otra ceda, sino en que ambas estén dispuestas a acercarse a la realidad con honestidad y respeto. De esta manera, las diferencias dejan de ser necesariamente una barrera y pueden convertirse en una oportunidad de aprendizaje y encuentro.



Una forma de convivir que empieza en cada uno

Escuchar, acoger y dialogar no son únicamente tres ideas bonitas. Son actitudes que podemos poner en práctica cada día: cuando un compañero nos cuenta una preocupación, cuando surge un desacuerdo en clase, cuando alguien reacciona de una manera que no comprendemos o cuando necesitamos resolver un conflicto.


En nuestro colegio queremos seguir cultivando una comunidad en la que cada persona pueda sentirse escuchada, comprendida y acompañada. Porque comprender al otro es el primer paso para poder ayudarlo, y para hacerlo necesitamos estar dispuestos a mirar más allá de nosotros mismos.


El apóstol Santiago lo expresa con una invitación que conserva toda su fuerza: «Que cada uno sea pronto para escuchar, lento para hablar, y lento para la ira» (Santiago 1, 19).

Quizá el reto sea tan sencillo —y tan exigente— como este: antes de responder, escuchar; antes de juzgar, acoger; y antes de querer tener razón, dialogar.


Porque una convivencia mejor comienza cuando dejamos de mirar únicamente desde nuestro lugar y nos atrevemos a descubrir el mundo desde la perspectiva del otro.

 
 
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